martes, 17 de marzo de 2009

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Salud y niños mágic-os

No hace mucho hablabamos de la excelente salud de la que goza la bloguería mágic-a en estos momentos. Ustedes me perdonarán por no utilizar la palabra "blogosfera" pero es que no me gusta nada, así que yo a lo mío con mis propios términos.

Salen nuevos blogs, se imponen nuevas líneas y se buscan nuevas fórmulas en un proceso con una dinámica ágil y creciente que ayuda a expandir y mejorar el juego. Porque está claro que obligarte a ti mismo a sentarte para reflexionar sobre algo, de forma que te permita poder plasmarlo por escrito o gráficamente, es un ejercicio de lo más edificante. Podrás hacerlo mejor o peor, pero sólo el esfuerzo y la dedicación invertidas se merecen todos mis respetos.


Así, nos encontramos con un aumento espectacular en el número de blogs dedicados al tema. Muchos de ellos guiados por personas que, aunque casi nacieron entre un "maná" y un "vas" (jus, menos mal que en ese momento no les tiraron una cantera), deciden unir esfuerzos y adentrarse en este mundo para iniciar una nueva andadura cibernética como pueda ser el caso del nuevo blog del Team Walk.

Y es que, realmente, Magic es todo un fenómeno.

Al hilo de esta última frase y justificando la segunda parte del título de la entrada, una de las cosas que más me asombran es la inmersión de los niños dentro de Magic.
Ya sabemos todos que, a ciertas edades, somos esponjas y, naturalmente, eso se extrapola también a este juego.

Mi hijo pequeño aprendió a jugar viendo a su hermano y a otros críos más mayores en el parque, sabía lo que hacían las cartas casi sin saber leer y te cantaba el texto en inglés cuando apenas sabía decir hello y mynameis..
Una servidora necesitó clases particulares de mi hijo mayor y leerse el articulado para empezar a entender que bajar maná no era tirar un puñao de cacahuetes encima de la mesa.

Y para dormir ya no cuentan ovejitas, no, no. Tengo un sobrino, hijo de manoleke faltaría más, que va para pro y lo digo muy en serio, porque con 8 añitos es capaz de dar lecciones a más de uno. Es un niño con grandes inquietudes, entrañable, superdivertido, cariñosito como nadie y con una inteligencia fuera de lo común y no se me cae la baba, no, no, que me la limpio. Pues bien, estaban mi hijo pequeño y él, en ese momento crítico en que han pasado las horas y después de choteos miles ya no pueden dormirse, cuando les dije que hicieran algo para relajarse y poder conciliar el sueño.

Y qué hicieron? Pues uno decía la primera palabra del nombre de una carta y el otro lo acababa. Cuánto más largo y enrevesado, mejor. Y no se equivocaban los joíos. Así que eso de contar ovejitas ha pasado a la historia, ahora se cuentan goblins, elfos o kithkines si me apuras.

Y siguiendo con la anécdota, imaginaos a mi sobrino en pleno partido de fútbol cuando, haciendo caso omiso al balón y a la jugada, se para en mitad del campo, el público expectante, se mete la mano en el bolsillo y saca no sé que cartas porqueeeeeee llevaba allí un artefacto y no se acordaba muy bien de lo qué hacía el cartón en cuestión. LOL!.

Evidentemente, son cosas de crios y ya se han encargado sus padres de aclararle tiempos.

Tengo muy claro que, en su justa medida, Magic es un juego que ayuda a los niños a desarrollar su capacidad de estrategia, planificación y memoria, que les obliga a usar sus cabecitas, que fomenta las relaciones sociales y el aprendizaje de otras lenguas, que impide el sedentarismo y el aislamiento, que permite compartir tiempo de ocio entre generaciones, que les enseña a esperar y a tener paciencia para recoger frutos sea en forma de victorias o de adquisiciones para sus mazos y que, además, les ayuda a equilibrar su propio umbral de autofrustración aprendiendo a perder y a ganar. Así que, Long Live Magic!.

Y si de mí depende, prefiero mil veces ver a mis hijos jugando a magic, al balón o a cualquier otra actividad social en un parque que sentados delante de una pantalla horas y horas. Eso, sin contar los aperitivos de fin de semana mientras jugamos un gigante de dos cabezas, porque creo rotundamente que no mantendriamos el mismo nivel de unión familiar en nuestro tiempo de ocio si jugaramos al parchís.

Y ver a mi hijo mayor irse con mi marido de torneo, oirlos hablar de los mazos que van a llevar, y observarlos compartir experiencias y conversaciones con esa afabilidad, me llena de satisfacción. Al igual que me llena saber que este jueves se van juntos al concierto de Judas Priest, pero eso no es algo que se pueda hacer todas las semanas, porque veo que han encontrado una afición común que les ha acercado y rellenado huecos en las siempre díficiles relaciones generacionales. Y que conste, que soy una madre con la gran suerte y orgullo de tener unos hijos maravillosos.

Pero repito, sin volvernos locos, que a más de uno también se le va la olla con el tema, xd.
Y hasta aquí la oreja de la semana.

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8 comentarios. Escribe aquí el tuyo:

ottocomic dijo...

Llevo porco en el mundo del magic y mucho en el mundo de los juegos. El magic y otros muchos juegos, bien entendidos, son una gran fuente educativa, cultural y social.

No exagero ni un ápice porque he visto en el club donde juego intentos de recrear milimétricamente batallas históricas con un realismo increíble. Y todo eso no sale de la nada, era el fruto de horas de lectura, investigación en libros, revistas, empaparse en foros y horas y horas de estudio. No son sólo tíos de cuarenta tacos que llegan el domingo y montan un chiringuito allí desplegando japos, boches y demás, son también sus hijos que si no están con ellos, están montando más de lo mismo en la mesa de al lado. El poso, el sustrato que queda no es saberse la cantidad de batallas que ganó Anibal en su excursión por Italia, es el hábito de la lectura, el interés por conocer como fueron o son las cosas y el planteárselas, y eso al final se queda en la mente de uno como una actitud que lleva otras facetas de la vida. Y desde luego, fundamental, es como comparten entre ellos lo que han leído, lo que han aprendido, como se relacionan, ……”se relacionan”, al ritmo que vamos corremos el riesgo de perder el significado de la palabra….tengo una sobrina que tiene pocos amigos con los que queda para salir, irse al parque y echarse unas risas en un banco haciendo las tonterías propias de los 15 años y una agenda de Messenger repleta a la que pasa todo el día enganchada. No digo que sea malo, porque los tiempos cambian, yo me críe en el parque de mi casa, tirando de chapas, canicas, la lima, del rescate y el escondite. Riñendo y riendo a partes iguales, pero conocía a todo cristo y si había que pedir permiso para entrar en un juego se pedía no te ibas a casa a quedarte sólo (como el que te llega en la tienda y te dice si te hace una partida de magic, si dices si bien si no se va a por otro, sin complejos, tan normal) y así crecí, ahora la forma de relacionarse será distinta pero me pasa como a ti y me planteo si el precio que hay que pagar por preferir relacionarse con el Messenger antes que en persona no va a ser demasiado alto.

Supongo que en el término medio está la virtud….Joder todavía recuerdo como nos bajamos al parque con el bocata de pan con mantequilla y azúcar a jugar al Imperio Cobra, y después el Risk o como de más mayores con 18-20 un día llegó uno con el ajedrez y a la semana siguiente todo cristo con el tablero….. que cansinos…ajajajajaja

Ahora con la edad prefiero una consola, por ejemplo, que permita dos explicaciones rápidas que pilles el juego enseguida y nos pasemos una tarde jugándonos como hago yo con mi mujer el fregado de los cacharros del día siguiente, pero es que yo no entiendo los juegos si no los comparto con otro ser humano y todos esos chavales que juega y se relaciona en las tiendas de magic no tengo duda que en el futuro, en otros tiempos, hará lo mismo. Necesitarán relacionarse.

Lo que más envidia me da es lo de tu hijo y su padre…..yo eso no lo hice con el mío, mis padres jugaban conmigo al monopoli por cumplir, sin ganas e intenciones, para pasar el tramite, yo no he compartido experiencias ni aficiones, supongo porque la vida nos puso en gustos diferentes, en polos opuestos y con el tiempo, la edad y las desgracias ahora tampoco compartimos nada.
Al final lo que importa es que hay algo que te una, con el que compartas cosas, en vuestro caso es el Magic, en mi club de juegos hay padres e hijos que se prestan ejecitos de warhammer……..no sabes cuanto daría yo por poder haber hecho eso.

La vida me ha dado una segunda oportunidad y con mi mujer, que en su casa siempre ha jugado en familia, pasamos tardes hasta las tantas de la madrugada como te dije antes apostando el fregado del domingo con un catan, carcassone, o un viajeros al tren o un wii sports

Me conformo con que mis hijos copien la actitud……


……..y así yo de paso me reconcilio con la vida.

Siento el ladrillo Nana.

Nana dijo...

Me ha encantado tu ladrillo. Espera, que pa ladrillo el mío. En ciertos momentos se me ha puesto la piel de gallina.
Yo tampoco jugaba con mis padres, pero en mi entorno eso era algo normal.
Pero si jugaba con mi hermano y "los de la calle" que no eramos ni más ni menos que todos los que viviamos en esa calle y bajabamos a jugar a juegos tan simples como darle vueltas a una furgoneta mientras otro pillaba o a arrearnos con un cinto según como caía la taba en el suelo, incluso me acuerdo de una época en que había obras y nos dedicabamos a tirarnos tochos de una banda a la otra. Fina que ha sido siempre una.
Y lo pasabamos en grande. Que te castigaran sin bajar a la calle era lo peor que te podía pasar.
Pero la mayoría de niños de hoy no tienen ese espacio al aire libre para poder jugar, a no ser que vivan en según que pueblos o lugares privilegiados.
Los míos han tenido suerte porque vivo en una comunidad que dispone de una zona privada bastante grande con jardín y piscina, todo vallado, por lo que han podido bajarse desde bien pequeños sin problemas y tener su grupo de amigos al antiguo estilo. Pero si no es algo así, los padres tienen que ir con los niños al parque y dadas las obligaciones existentes, eso se reduce a unos ratos por las tardes o los fines de semana y nunca es lo mismo. Yo creo que es bueno que los niños se asalvajen un poco, que se peleen, marquen territorios, resuelvan conflictos sin que papi o mami esten siempre presentes, formen parte de un grupo y sientan lo que es verse incluídos, pero también excluidos.
Vamos, que yo soy de las que les tira el bocata de la merienda por la ventana, sólo me falta gritarles al más puro estilo de los Morancos, pero ya practicaré este verano.
Todas las facetas entre padres e hijos son importantes, pero a veces nos olvidamos que la del ocio es también fundamental. Recuerdo haber jugado siempre con mis hijos a juegos de mesa o hacer manualidades con ellos desde bien pequeñitos.
De hecho, aquí jugamos todos a Magic, incluído mi hermano, por mi hijo mayor. Y cómo ya van en serio con el tema, y a mi los torneos y similares no me entusiasman ni tengo una mente estratégica, pues me he desmarcado alterándoles cartas, lo que me ha permitido seguir compartiendo focos de interés con ellos sin necesidad de jugar a su nivel.
Acompañar mi marido a los partidos de baloncesto al pequeño mientras yo voy a una escuela de ilustración con el mayor, planear los tiempos de ocio, compartir espacios pero también reservarlos para cada uno creo que hace fuerte a una familía.
Dejar a cada uno su propio espacio a la vez que respetan el tuyo crea un equilibrio necesario para la convivencia. En casa somos todos muy independientes, y a la vez y paradójicamente, muy dependientes.
Yo, por ejemplo, casi cada viernes por la tarde-noche me voy con sola mis amig@s, a los torneos se va mi marido solo o con mi hijo y si me dá por ahí, alguna vez aparezco en alguno, pero no suelo ir porque creo que también es necesario que padre e hijo-s disfruten de una complicidad especial.
Pero al final todos acabamos en nuestro refugio. Lo que se traduce en fines de semana con la casa llena de gente, haciendo cenas para tropocientos mil e improvisando camas para los amigos de mis hijos, porque hay un par que "viven" aquí. Y la frase estrella:
Mamaaaaaaa o Nana, te echas una? Y mi menda: Qué no, que voy a pintar. Y además para que me queréis? si sois ciento y la madre ya.
Vaaaaaa, vengaaaaaaaa!
Y acabo perdiéndo siempre al Mario Kart y con los brazos hechos polvo de tanto apretar el volante, llamando a mi hermano para que arbitre una jugada de magic en la que no estoy de acuerdo o viendo una peli de esas juveniles escatológicas que tanta gracia les hacen.
Pero algo tan simple y tan sencillo como eso, representa para mí, la felicidad.
Eso sí, el que sufre las interminables partidas de Monopoly con el peke(ahora ya hasta en la Wii) es mi marido que tiene cuerda para rato, menuda afición le tiene mi hijo, xd, pero a ese juego me niego rotundamente a jugar. Dónde si ficho con gusto es en el Rummycub.
Creo entender lo que citas sobre la reconciliación con la vida ..., pero todo eso hace que tú seas tú, único e irrepetible.
Y Creo también que tus hijos tendrán suerte, mucha suerte.

PD: No me he jugado yo veces fregar los platos al guiñote, xd, y masajes de pies, y hacer la comida, bueno y lo que fuera para darle un pelín de emoción.

Amaia dijo...

No hay cosa que más pena me dé que ver a uno, dos o tres niños sentados juntos, juagando cada uno a su psp y sin hablar entre ellos. Me parece muy lamentable.
De niños no voy a hablar por ahora, pq sino a alguno le entran sudores frios, pero me parece, como dice Nana que hay que jugar y hacer cosas con ellos, tanto como dejales/nos un tiempo de ocio aparte. Eso ayuda a compartir más cosas.
Yo si que recuerdo juagar con mis padres y los cuentos que me contaban... aunque no eran situaciones tan complice como puede llegar a ser el tema de preparar mazos e ir a toneos juntos padres e hijos. La verdad es que si creo que tiene que ser bonito.
Me estoy acordando de un domingo que pasé cuidando de mis primos (8 y 3 años). Yo llegué a las dos de la tarde y mi primo el mayor estaba en el sofá viendo la tele. A las 8 de la tarde seguía igual, y eso que me ofrecí a jugar con el en varias ocasiones y nos llevamos muy bien. En fin... esperemos cambiar un poco las cosas.

PD. Yo no se si me saldría rentable jugarme el fregar. A magic desde luego que no!

Nana dijo...

Ahora es que se comunican por cable. Por el de la PSP, el de la gameboy, el de la ds...
Jus Amaia, tú haz cómo yo, que le pregunto lo que va a jugar y me meto las cartas que más le duelan.

Facu dijo...

Nana: cada dia es mas gratificante leer tu blog. Aca sí que uno encuentra una vision diferente del magic (y no me refiero a cartas foil, en japones, con errores de impresion, ni ninguna de esas estupideces) Me refiero a la vision de una madre que comprende y(mas importante aun) COMPARTE la pasion de sus hijos. Que no es poco.

Nana dijo...

Joer Facu, se me ha hecho un nudo en la garganta.
Gracias, de corazón.

Xangel dijo...

Siempre que vengo a este blog, me sorprendo, no solo por la calidad general, sino por el saber escribir y saber contar con tanta claridad los sentimientos, las situaciones y las emociones que embargan estos juegos.

Me alegra saber que mis pensamientos acerca de las consolas y la falta de relacion entre los niños de hoy en dia no se queda solos en mi cabeza...

Gracias Nana, por escribir, y por reunir a tanta gente en este blog que comparte tantas cosas (aunque no nos conozcamos).

Me alegro por tus hijos, tu casa llena de vida y por tus aficiones.
Felicidades

Nana dijo...

Este blog persiste por la gente que lo lee e interactúa, porque sería muy triste escribir para nadie y monologar continuamente, así que yo sólo soy un elemento más en este tinglao y agradezco enormemente vuestros comentarios.
Uys y hablando de conocernos, espero que en el GP de Barcelona descubramos muchas caras.
Respecto de una casa y de una familia digo como Sabina: "Porque una casa sin ti es una oficina".
Porque cuantos más años pasan más me reafirmo en pensar que los ladrillos y los muebles de mi casa, cuando me vaya, no me los voy a llevar a ningún sitio. Sin embargo, siempre me acompañarán las emociones y momentos que haya sido capaz de coleccionar en ella.
Cada uno de nosotros, cuando emprende su propia vida, decide si quiero tener una casa o un hogar. Y "esto es uno" cómo diría Johan

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